martes, 21 de agosto de 2012

CUENTO WARMA KUYAY DE DON JOSE MARIA ARGUEDAS-AMOR DE NIÑO


Don José María Arguedas nos relata tiernamente el warma kuyay (voz quechua que significa, amor de niño) de Ernesto hacia Justina, una juvenil belleza andina que servía en la hacienda de su tío y que sólo tenía ojos para el Kuto, el mejor novillero del lugar.   Ernesto no entendía cómo Justina, con su cara sonrosada, donde se dibujaba unos hermosos labios y unos brillantes ojos negros, podía fijarse en un indio tan feo como el Kuto, de nariz achatada, ojos casi oblicuos y boca ennegrecida por la coca.   Justina era alegre y delicada, mientras que el Kuto era tosco, con cara de sapo. Ella cantaba y él dominaba con el látigo a las vaquillas. Ernesto era el sobrino de uno de los patrones, apenas tenía catorce años y se sentía enamorado de la cholita que rompía el silencio con sus cantos y coqueteos al indio feo. No había ninguna esperanza para él, Justina tenía ojos solo para  el Kuto y por tanto, pronto sería su mujer. 
Pero ni Ernesto ni el Kuto, se habían percatado que otro hombre también miraba a la muchacha. Era Don Froylán, el  otro dueño de la hacienda, quien a  pesar de estar casado y tener nueve hijos,  se creía con derecho sobre la inocente Justina. Un día, cuando se bañaba con los niños en la toma de agua, la violó.
Con rabia e impotencia contenida, el Kuto se lo contó a Ernesto, quien no podía creer lo sucedido. Don Froylan, el socio de su tío había abusado de Justina, sólo por el hecho de ser su sirvienta.
 Pasada la incredulidad, el chico conminó al indio a tomar venganza, a matar con su honda al maldito que había roto sus ilusiones de niño.   Pero el Kuto no quería hacer nada contra su patrón. Se sentía un indio incapaz de matar a Don Froylán. Tal vez Ernesto cuando grande y recibido de abogado haría algo, pero él no, porque seguiría siendo el novillero de los patrones. Sus odios los descargaba con los animales a quienes golpeaba, salvajemente, quizá pensando que golpeaba a quien había robado la inocencia de Justina.   Resentido y penoso, el Kuto pidió licencia y se fue de la hacienda a otro pueblo, ante el llanto de la tía de Ernesto, que lo quería como a un hijo.
Desde ese entonces, la hacienda se quedó sin la figura del indio tosco que robaba los suspiros de Justina. Ernesto se quedó en la hacienda, mirando  de lejitos a la musa de su warma kuyay quien olvidaba sus tristezas cantando.

JOSE MARIA ARGUEDAS CUENTA SU VIDA

WARMA KUYAY-JOVENES EN TEATRO-JOSE MARIA ARGUEDAS SIEMPRE INSPIRA

AMAUTA REBECA BAEZ CUENTA EL TORITO DE LA PIEL BRILLANTE DE JOSE MARIA ARGUEDAS

EL TORITO DE LA PIEL BRILLANTE


Este era un matrimonio joven. El hombre tenía una vaquita, la alimentaba dándole toda clase de comidas; no se cruzó con macho alguno. Un día apareció preñada. Y parió un becerrito de color marfil, de piel brillante. Apenas cayó al suelo mugió enérgicamente. El becerro aprendió a seguir a su dueño; como un perro iba tras él por todas partes. El becerro olvidaba a su madre; solo iba donde ella para mamar.
Cierto día, el hombre fue a la orilla de un lago a cortar leña. El becerro lo acompañó.
El hombre se puso a recoger leña hizo una carga y luego se dirigió a su casa. No se acordó de llamar al torito. Este se quedó en la orilla del lago comiendo la totora. Salió un toro negro, viejo y alto, del fondo del agua. Estaba encantado, era el demonio que Tomaba esa figura.
“Ahora mismo tienes que luchar conmigo. Tenemos que saber cual de los dos tiene mas poder. Si tú me vences, te salvaras, si te venzo yo, te arrastraré al fondo del lago”. “Hoy mismo no -contestó el torito-. Espera que pida licencia a mi dueño; que me despida de él. Mañana lucharemos vendré al amanecer.
“Bien dijo el toro viejo. Si no iré a buscarte en una litera de fuego, y te arrastraré, a ti y a tu dueño”. Así fue como se concertó la apuesta, solemnemente. El dueño salió de la casa a buscarlo por el camino del lago. Lo encontró en la montaña.
-“¿Qué es lo que ha ocurrido? Me he encontrado con el Poderoso, con mi gran Señor. Mañana tengo que ir a luchar con él. Mis fuerzas no pueden alcanzar a sus fuerzas. Hoy él tiene un gran aliento ¡Ya no Volveré! Me ha de hundir en el lago” -dijo el torito.
Al oír esto el hombre lloró. Y cuando llegaron a la casa, lloraron ambos, el hombre y la mujer. Y así, muy al amanecer, cuando aún quedaban sombras, cuando aún no había luz de la aurora, se levantó el torito, y se dirigió hacia la puerta de la casa de sus dueños, y les habló así:-“Ya me voy. Quedaos, pues, juntos”.
- “¡No, no! ¡No te vayas! - Le contestaron llorando - Aunque venga tu señor, tu encanto, nosotros le destrozaremos los cuernos”. -“No podréis” - contestó el torito.
El hombre corrió, le dio el alcance y se colgó de su cuello I lo abrazó fuertemente. – “¡No puedo, quedarme!” le decía el torito. – “¡Iremos juntos!” -“No mi dueño. Sería peor, ¡me vencería! Quizá yo solo, de algún modo pueda salvarme”.
En ese instante el sol salía, ascendía en el cielo. “Entonces ya no hay nada que hacer” - dijo el hombre; y se quedó en el camino. El torito se marchó. El dueño subió el cerro y llegó a la cumbre, miró el lago. El torito llegó a la ribera; empezó a mugir poderosamente. Y el agua del lago empezó a moverse; hasta que salió de su fondo un toro, grande y alto como las rocas.
Escarbando la tierra, aventando polvo, se acercó hacia el torito blanco. Se encontraron y empezó la lucha. Era el mediodía y seguían peleando. El torito luchaba; su cuerpo blanco se agitaba en la playa. Pero el toro negro lo empujaba hacia el agua. Y arrojó al fondo; el toro negro, dio un salto y se hundió tras de su adversario.
El hombre lloró a gritos; descendió la montaña; entró a su casa. La mujer lloraba sin consuelo. Hombre y mujer criaron a la vaca, madre del becerrito, amándola mucho, con la esperanza que de que pariera un torito igual. Pero transcurrieron los años y la vaca permaneció estéril. Los dueños pasaron su vida en la tristeza y el llanto.

Autor: José María Arguedas

Fuente: Cuentos Peruanos

Arguedas-La agonía de Rasu Ñiti- Contado

La agonía de Rasu Ñiti- Arguedas muy bueno